El beso

Los buenos amantes persiguen el primer beso, porque saben que es lo único que se necesita para seducir el alma de una mujer. Y es que hay de besos a besos. Los hay dulces y tiernos, susurrados y provocativos, ardientes e intensos, y los hay perversos y trasgresores, esos que abren puertas que es imposible cerrar después. Si es de la boca, cualquier beso es comienzo, porque la condena de ese contacto, es la inevitable pregunta de: ¿que sabor tendrán los otros besos? Pobres aquellos que creen que el amor puede sobrevivir sin el beso.

La forma de besar por primera vez a una mujer es como la cata a un buen vino, hay que hacerlo lentamente reteniendo el sabor de su boca entre labios antes de pasarlo al paladar. Después hay que degustar esa boca ajena en todas las combinaciones posibles, en las diferentes estaciones, en los lugares mas inimaginables y en los horarios mas distendidos. Porque el beso tal como el vino, necesita del aire para acentuar su sabor, del tiempo para mantenerlo y de la paciencia para añejarse. Hay amores que sólo nacen a través del primer beso y amores que son eternamente jóvenes por la magia de dos bocas buscándose por siempre.

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El abrazo

Me abrazó despacito y me deseó lo mejor, no fue un abrazo común de esos que te dan los amigos con efusividad, tampoco uno empalagoso de esos que te dan los niños pequeños o algún hermano por molestar, tampoco fue uno de esos protectores y certeros que solo te brinda una madre cuando apenas te levantas feliz de verte con los ojos abiertos a un nuevo día. No, ese abrazo fue distinto, cariñoso y tierno, pasional y efímero, dulce y arrogante; me entregó en el la pureza y la tranquilidad de alguien que solo te quiere ver bien, tal vez fue un abrazo lastimero para un alma sorprendida de sentirlo tan cerca, paralizador de pensamientos, aniquilador de coherencias; desde ese abrazo nunca fui la misma, algo dentro de mi estalló, tal vez él no pudo percatarse pero mi alma se rompió, se despegó de mi cuerpo y se adhirió a él. Esa tarde se despidió de mí, con un beso pero no me dejó completamente, o tal vez yo no le deje a él, allí va mi alma aferrada a su piel, va deseando regresar y retomar mi cuerpo para que vuelva a estar completa, para que yo vuelva a ser yo, me queda claro ese abrazo me desbarató, me rompió, ese, solo ese, fue el único abrazo que me dio mi eterno amor.

Elisa Mon

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Yo quería

Yo quería hacer el amor con él todos los días, recostarme en su pecho con su palpitar como canción de cuna, sentir esa respiración pausada que me refrescaba del hastío.
Yo quería despertar en la madrugada quedarme inmóvil a su costado con los ojos bien abiertos apreciando la fisionomía perfecta de su rostro pálido.
Descubrir sus lunares, contar sus cabellos.
Ocupar mis insomnios en sus brazos, desgastar mis ideas para comprenderlo, resumir mi vida en su nombre, yo quería todo con él, ser suya completa sin ningún contratiempo.
Pero él no quiso, tal vez era demasiado aburrida, demasiado entregada, demasiado loca, demasiados riesgos, demasiado para él que nunca recibió nada.

Elisa Mon Ocupando insomnios

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