Edgar Alan Poe

Era Una talla algo menos que de altura mediana, quizá,pero tan perfectamente proporcionada y coronada por una cabeza tan noble, llevada tan regiamente, que, a mi juicio de muchacha, causaba la impresión de una estatura dominante. Esos claros y melancólicos ojos parecían mirar desde una eminencia….»

Otra dama recuerda la extraña impresión de sus ojos:
«Los ojos de Poe, en verdad, eran el rasgo que más impresionaba, y era a ellos a los que su cara debía su atractivo peculiar. Jamás he visto otros ojos que en algo se le parecieran. Eran grandes, con pestañas largas y un negro de azabache: el iris acero gris, poseía una cristalina claridad y transparencia, a través de la cual la pupila negra azabache se veía expandirse y contraerse, con toda sombra de pensamiento o de emoción.
Observé que los párpados jamás se contraían, como es tan usual en la mayor parte de las personas, principalmente cuando hablan; pero su mirada siempre era llena, abierta y sin encogimiento ni emoción. Su expresión habitual era soñadora y triste: algunas veces tenía un modo de dirigir una mirada ligera, de soslayo, sobre alguna persona que no le observaba a él, y, con una mirada tranquila y fija, parecía que mentalmente estaba midiendo el calibre de la persona que estaba ajena de ello.

¡Qué ojos tan tremendos tiene el señor Poe!—me dijo una señora. Me hace helar la sangre el verle darse vuelta lentamente y fijarlos sobre mí cuando estoy hablando.»
La misma agrega:
Usaba un bigote negro, esmeradamente cuidado, pero que no cubría completamente una expresión ligeramente contraída de la boca y una tensión ocasional del labio superior, que se asemejaba a una expresión de mofa. Esta mofa era fácilmente excitada y se manifestaba por un movimiento del labio, apenas perceptible, y sin embargo, intensamente expresivo. No había en ella nada de malevolencia, pero sí mucho sarcasmo.
Sábese, pues, que aquella alma potente y extraña estaba encerrada en hermoso vaso. Parece que la distinción y dotes físicas deberían ser nativas en todos los portadores de la lira.
¿Apolo, el crinado numen lírico, no es el prototipo de la belleza viril? Mas no todos sus hijos nacen con dote tan espléndido. Los privilegiados se llaman Goethe, Byron,Lamartine, Poe.

Ruben Dario

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Annabel Lee

Hace ya bastantes años, en un reino más
allá de la mar vivía una niña que podéis conocer
con el nombre de Annabel Lee. Esa niña
vivía sin ningún otro pensamiento que
amarme y ser amada por mí.
Yo era un niño y ella era una niña en ese
reino más allá de la mar; pero Annabel Lee
y yo nos amábamos con un amor que era más
que el amor; un amor tan poderoso que los
serafines del cielo nos envidiaban, a ella y a mí.
Y esa fué la razón por la cual, hace ya bastante
tiempo, en ese reino más allá de la mar
un soplo descendió de una nube, y heló a mi
bella Annabel Lee; de suerte que sus padres
vinieron y se la llevaron lejos de mí para encerrarla
en un sepulcro, en ese reino más allá de
la mar.
Los ángeles que en el cielo no se sentían ni
la mitad de lo felices que éramos nosotros, nos
envidiaban nuestra alegría a ella y a mí. He ahí
porque (como cada uno lo sabe en ese reino
más allá de la mar) un soplo descendió desde
la noche de una nube, helando a mi Annabel
Lee.
Pero nuestro amor era más fuerte que el
amor de aquellos que nos aventajan en edad
y en saber, y ni los ángeles del cielo ni los demonios
de los abismos de la mar podrán separar
jamás mi alma del alma de la bella Annabel
Lee.
Porque la luna jamás resplandece sin traerme
recuerdos de la bella Annabel Lee; y cuando
las estrellas se levantan, creo ver brillar los
ojos de la bella Annabel Lee; y así paso largas
noches tendido al lado de mi querida,—mi
querida, mi vida y mi compañera,—que
está acostada en su sepulcro más allá de la mar,
en su tumba, al borde de la mar quejumbrosa.

Edgar Alan Pe

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Cuento Interminable

He decidido desdoblar mi existencia,
dividirla,separarla en dos partes iguales.
Una parte que siga envuelta en tu recuerdo ,
en esa dulce melancolía que me invade al pensar en ti,
y la otra, que vuele libre,que se desprenda finalmente de tu sombre,
que navegue lejos de lo que alguna vez fue nuestra historia,
y que al final de todos los finales,se encuentre una vez más contigo,
y así,darle inicio a este ciclo, a este cuento interminable…

Víctor de la Hoz

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