Robin Williams

Era un gran comediante, un maestro de la improvisación. Pero no sólo eso: tenía una gran talla humana.
Era un tipo generoso y compasivo. Sabía cómo desdramatizar las situaciones y crear buen ambiente a su alrededor.
Aún le recuerdo en el rodaje, bromeando con todos los actores y aliviando el estrés. Tuvimos una relación bastante cercana antes, durante e inmediatamente después de la película. Nos invitó a su casa, y ahí puede comprobar su auténtica personalidad. En el fondo era un introvertido que vivía bajo el peso de la fama.
De joven tuvo problemas de adicción al alcohol y las drogas, de adulto buscó refugio en la soledad”. Tuvo mala suerte con sus matrimonios y creo que le faltó amor.
Y murió también con graves problemas económicos, pese a los 21 millones de dólares que cobró por interpretarme. La gente de los estudios me decía: ni se te ocurra pedirle dinero a Robin. Yo le insinué que podría donar los 21 millones para la creación del hospital, pero no acabó contribuyendo a la causa, y eso es algo que no llegué a entender.
Su muerte me causó una tristeza y me hizo pensar mucho en las causas. Yo creo que Robin Williams murió bajo el peso de su propio papel.
Millones de admiradores esperaban mucho de él, y era de verdad muy querido: creo que pocos actores llegaban a su nivel.
Era un hombre tremendamente divertido, pero en su forma de mirar y de hablar podías percibir también un fondo de tristeza. Y también mucha humildad: nunca le vi ponerse por encima de nadie. Nunca ejerció de famoso, pero quizás la fama le pesó más de la cuenta

Patch Adams.

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El Bambu y el Helecho

Un día decidí darme por vencido… Renuncié a mi trabajo, a mi relación, a mi vida. Fui al bosque para hablar con un anciano que decían era muy sabio. -¿Podría darme una buena razón para no darme por vencido? Le pregunté. -Mira a tu alrededor, me respondió, ¿ves el helecho y el bambú? -Sí, respondí. -Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé muy bien. El helecho rápidamente creció. Su verde brillante cubría el suelo. Pero nada salió de la semilla de bambú. Sin embargo no renuncié al bambú. -En el segundo año el helecho creció más brillante y abundante y nuevamente, nada creció de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú. -En el tercer año, aún nada brotó de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú. -En el cuarto año, nuevamente, nada salió de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú. -En el quinto año un pequeño brote de bambú se asomó en la tierra….

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Rompiendo silencios

Por ti, en forma inmaterial se elevan mis silencios, antes acurrucados, viviendo y esperando inmovilizados la circunstancia ideal para transformarse con cuidado en un canto nuevo de un poema impensado. Suspiros en remolinos se abrazan a tu silueta invisible, a tus ojos, besos infinitos escondidos en un diálogo de letras, sonrisas que se acercan a tus labios en caricias imperceptibles en el recorrer del camino de mi amor hacia tu corazón, sin el desvío de mi mirada en la dulzura de alguna canción. En la luz, mi alma se muestra sin un solo atavío, como un sueño hecho de muchas estaciones, en donde flota suave el perfume de los campos, en un aroma fino y sutil que trasciende y se eleva en un vuelo largo cargado de embelesos que va anhelante, en la búsqueda de tus besos. En esos silencios, ahora sabrás cariño mío, juegan y se enredan las ideas de lo que más ansío, como la de unirme a ti en un amoroso abrazo…

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En este momento de mi vida

En este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de un amor y la compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer papas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila. También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para llevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar de menos a los que tengan que irse, porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No dejar de sorprenderme…

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Te digo adiós

Te digo adiós y acaso te quiero todavía. Quizás no he de olvidarte, pero te digo adiós. No sé si me quisiste… No sé si te quería… O tal vez nos quisimos demasiado los dos. Este cariño triste, y apasionado y loco, me lo sembré en el alma para quererte a ti. No sé si te amé mucho… no sé si te amé poco, pero si sé que nunca volveré a amar así. Me queda tu sonrisa dormida en el recuerdo, y el corazón me dice que no te olvidaré; pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo, tal vez empiece a amarte como jamás te amé. Te digo adiós, y acaso, con esta despedida mi más hermoso sueño muere dentro de mí… Pero te digo adiós, para toda la vida, aunque toda la vida siga pensando en ti. José Ángel Buesa

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