La encantada

Cuentan que en la madrugada del día de San Juan, aparece una dama de piel clara y cabellos rubios a la orilla de ríos, lagunas, cascadas o fuentes. Se queda sentada en una piedra y se peina con un cepillo de oro y si alguien pasa por allí le pregunta qué le gusta más, si el peine o ella. Cuentan que en una ocasión, pasó un joven pastor y al hacerle la pregunta éste respondió que el peine, exclamando ella: ¡maldito seas, que por tu culpa seguiré encantada!.

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Aprender a soltar

Llega un momento en el que hay que aprender a soltar. Por la fuerza no se retiene a nadie, a la larga. Con imposiciones absurdas o con celos enfermizos, tampoco. Cada persona tiene derecho a elegir libremente con quién estar, qué hacer con su tiempo libre y cuántos de esos momentos dedicarnos a nosotros. Si dejas que cada quien ejercite su libre albedrío y tenga la posibilidad de escoger, te aseguro que te encontrarás con muchas más sorpresas agradables de las que puedas imaginar. Querer controlar todo y a todos no es una actitud saludable, ya que resulta completamente imposible…

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Felicidad estado base

El estado de base de una persona deberia ser la felicidad. Sí, así nomás, sin motivo alguno. La pregunta es: ¿resulta necesario tener un motivo para ser feliz? ¿No tiene más sentido que esta sea la postura permanente ante la vida? y, en caso de que ocurra algún imprevisto, modificarla momentáneamente si no queda otra salida o si la situación realmente así lo amerita. Admito que este planteamiento es especialmente difícil de sostener los lunes por la mañana en el primer madrugón de la semana laboral, con los restos del agradable sabor del fin de semana presentes, lo que dificulta…

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La mujer de nieve

El quitanieves iba abriendo paso por la carretera que cruzaba el pueblo. Aunque de la manera que nevaba el suelo volvería a estar cubierto en cuestión de poco menos de una hora. Aquel invierno parecía que iba a ser el más crudo de los últimos años. Alberto se levantó los cuellos del chambergo y seguido se puso el gorro de lana, en mala hora había prometido acudir a la cena de amigos. No tenía muchas ganas ya de por sí pero además es que salir a la calle tal y como estaba el tiempo, le daba aún más pereza. Pensó…

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Ya no tengo paciencia

Ya no tengo paciencia para algunas cosas, no porque me haya vuelto arrogante, sino simplemente porque llegué a un punto de mi vida en que no me apetece perder más tiempo con aquello que me desagrada o hiere. No tengo paciencia para el cinismo, críticas en exceso y exigencias de cualquier naturaleza. Perdí la voluntad de agradar a quien no agrado, de amar a quien no me ama y de sonreír para quien no quiere sonreírme. Ya no dedico un minuto a quien miente o quiere manipular. Decidí no convivir más con la pretensión, hipocresía, deshonestidad y elogios baratos. No…

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Mi mama no tiene novio

De visita en casa de mis abuelos, me divierte ver a mi tía la menor prepararse cuando espera a su novio: toda contenta se peina, perfuma y pinta los labios, se viste muy guapa, y corre de un lado a otro de la casa, arreglando todo con detalle para que su “mi amor” no encuentre defecto alguno en el entorno. Entonces llega el novio, oliendo a mucha loción y cuando se miran… ¡uff!, parece que flotan en el aire. Se abrazan con ternura, y ella le ofrece algo de tomar, junto con las galletas que le preparó durante la tarde….

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Plato de madera

El abuelo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años. Ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban. La familia completa comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacían el alimentarse un asunto difícil. Los guisantes caían de su cuchara al suelo y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba la leche sobre el mantel. El hijo y su esposa se cansaron de la situación: “Tenemos que hacer algo con el abuelo”, dijo el hijo. “Ya he tenido suficiente”. “Derrama la…

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Domina tu mente

Tetsuya estaba trabajando en la oficina situada en los bajos de su casa. Se dio la vuelta para ver quién llegaba, y se le congeló la sonrisa. Sus ojos se quedaron fijos en la bolsa alargada que llevaba consigo el extranjero. -Es exactamente lo que está pensando –dijo el recién llegado-. No he venido para humillar ni para provocar al hombre que se convirtió en una leyenda. Tan sólo quiero demostrar que,tras años y años de práctica, he conseguido llegar a la perfección. Tetsuya respondió que tenía que volver a su trabajo: estaba terminando de colocar las patas de una…

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