Sentí cerrarse tu puerta

Sentí cerrarse tu puerta tras de mí
Mas, como un velo se muestra ante mis ojos
Y puedo ver sin que me veas
Cómo quedaste en tu espacio
Donde no puedes flotar
Y te deshaces en palabras, en versos,
Para revivir el sortilegio
Que te hacía ascender
Más, sin éxito vuelves y te retuerces,
Pero no lo logras.
Cerraste tu puerta y ahí estaba el secreto
No lo sabes tú, que crees todo saberlo
Ya no puedo alcanzarte,
Deshiciste el sortilegio.
Si en mi continuo andar encuentro alguna
Será para ti.
Y la traeré abierta
La pondré en tu alma
Y nunca más la podrás cerrar
Porque yo… seré Tu Puerta.

Blanca Serpa

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Carta de un hombre a las mujeres

Queridas amigas:

Nos importa un carajo cuanto pesan.
Es fascinante tocar, abrazar y acariciar el cuerpo de una mujer.
Pesarla, no nos proporciona ningún efecto!!

No tenemos la menor idea de lo que es un talle.
Nuestra evaluación es visual. Es decir, si tiene forma de guitarra, está buena.
No nos importa cuánto mide en centímetros.
Es una cuestión de proporción, no de medida.

Las proporciones ideales del cuerpo de una mujer son: Curvilíneas, pulposas, femeninas…
Esa clase de cuerpo que de un solo golpe de vista uno identifica sin duda alguna y en una fracción de segundo.

Las flaquitas que desfilan en las pasarelas, siguen la tendencia diseñada por modistos, que dicho sea de paso, son todos maricas, y odian a las mujeres y compiten con ellas. Sus modas son, lisa y llanamente, agresiones al cuerpo que odian porque no pueden tener.

No hay belleza más irresistible en la mujer que la feminidad y la dulzura. La elegancia y el buen trato, son equivalentes a mil Viagras.

El maquillaje se inventó para que las mujeres lo usen. Úsenlo. Para andar a cara lavada, estamos nosotros.

Las faldas se inventaron para que luzcan sus magníficas piernas. ¿Para qué carajo se las tapan con pantalones anchos? ¿Para que las confundan con nosotros?

Una ola es una ola, las caderas son caderas y punto.

Si la naturaleza les dio ese aspecto curvilíneo, es por algo y reitero: a nosotros nos gustan así.

Ocultar esas curvas, es equivalente a tener tu mejor sillón embalado en el sótano.

Entendámoslo de una vez, traten de gustarnos a nosotros, no a ustedes, porque nunca van a tener una referencia objetiva de cuán lindas son de mujer a mujer. Ninguna mujer va a reconocer jamás delante de un tipo que otra mujer está linda.

Las jovencitas son lindas…
Pero las de 40 para arriba, son el verdadero plato fuerte.

El cuerpo cambia. Crece.
Una mujer de 40 o de 50 años, a la que le entra la ropa de cuando tenía 20 o 25 años, o tiene problemas de desarrollo, o se está autodestruyendo.

Nos gustan las mujeres que saben manejar su vida con equilibrio y saben manejar su natural tendencia a la culpa.

O sea: la que cuando hay que comer, come con ganas
(la dieta vendrá en setiembre, no antes);
cuando hay que hacer dieta, hace dieta con ganas
(no se sabotea ni sufre);
cuando hay que tener intimidad de pareja, la tiene con ganas; cuando hay que comprar algo que le gusta, lo compra; cuando hay que ahorrar, ahorra.

Algunas líneas en la cara, algunos puntos de sutura en el vientre, algunas marcas de estrías, no les quitan su belleza. Son heridas de guerra, testimonio de que han hecho algo con sus vidas, no han estado años en formol ni en un spa. ¡Han vivido!

El cuerpo de la mujer es la prueba de que Dios existe. Es el sagrado recinto donde nos gestaron a todos, donde nos alimentaron, nos acunaron, que nosotros sin querer las llenamos de estrías, y demás cosas que tuvieron que ocurrir para que estemos vivos.

Cuídenlo. Cuídense. Quiéranse.
La belleza es todo eso, Todo junto.

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La raza

La duquesa movió la cabeza.
–Creo en la raza –exclamó.
–La raza representa el triunfo de los arribistas.
–Eso significa progreso.
–La decadencia me fascina más.
–¿Y dónde dejas el arte? –preguntó ella.
–Es una enfermedad.
–¿El amor?
–Una ilusión.
–¿La religión?
–El sucedáneo elegante de la fe.
–Eres un escéptico.
–¡Jamás! El escepticismo es el comienzo de la fe.
–¿Qué eres entonces?
–Definir es limitar.
–Dame una pista.
–Los hilos se rompen. Te perderías en el laberinto.
–Me desconciertas. Hablemos de otras personas.
–Nuestro anfitrión es un tema inmejorable. Hace años le pusieron el
nombre de Príncipe Azul.

Oscar Wilde

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