Amor a primera vista

Era bella, elástica, con una piel tierna del color del pan y los ojos de almendras verdes, y tenía el cabello liso y negro y largo hasta la espalda, y una aura de antigüedad que lo mismo podía ser de Indonesia que de los Andes. Estaba vestida con un gusto sutil: chaqueta de lince, blusa de seda natural con flores muy tenues, pantalones de lino crudo, y unos zapatos lineales del color de las bugambilias. «Esta es la mujer más bella que he visto en mi vida», pensé, cuando la vi pasar con sus sigilosos trancos de leona, mientras yo hacía la cola para abordar el avión de Nueva York en el aeropuerto Charles de Gaulle de París. Fue una aparición sobrenatural que existió sólo un instante y desapareció en la muchedumbre del vestíbulo.
Eran las nueve de la mañana. Estaba nevando desde la noche anterior, y el tránsito era más denso que de costumbre en las calles de la ciudad, y más lento aún en la autopista, y había camiones de carga alineados a la orilla, y automóviles humeantes en la nieve. En el vestíbulo del aeropuerto, en cambio, la vida seguía en primavera.
Yo estaba en la fila de registro detrás de una anciana holandesa que demoró casi una hora discutiendo el peso de sus once maletas. Empezaba a aburrirme cuando vi la aparición instantánea que me dejó sin aliento, así que no supe cómo terminó el altercado, hasta que la empleada me bajó de las nubes con un reproche por mi distracción. A modo de disculpa le pregunté si creía en los amores a primera vista. «Claro que sí», me dijo. «Los imposibles son los otros».

Gabriel García Márquez
El avión de la bella durmiente

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Ladrón de sábado

Hugo, un ladrón que sólo roba los fines de semana, entra en una casa un sábado por la noche. Ana, la dueña, una treintañera guapa e insomne empedernida, lo descubre in fraganti. Amenazada con la pistola, la mujer le entrega todas las joyas y cosas de valor, y le pide que no se acerque a Pauli, su niña de tres años. Sin embargo, la niña lo ve, y él la conquista con algunos trucos de magia. Hugo piensa: «¿Por qué irse tan pronto, si se está tan bien aquí?» Podría quedarse todo el fin de semana y gozar plenamente la situación, pues el marido lo sabe porque los ha espiado no regresa de su viaje de negocios hasta el domingo en la noche. El ladrón no lo piensa mucho: se pone los pantalones del señor de la casa y le pide a Ana que cocine para él, que saque el vino de la cava y que ponga algo de música para cenar, porque sin música…

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El deceso de Benjamin

En 1920 nació el primer hijo de Roscoe Button. Durante las fiestas de rigor, a nadie se le ocurrió mencionar que el chiquillo mugriento que aparentaba unos diez años de edad y jugueteaba por la casa con soldaditos de plomo y un circo en miniatura era el mismísimo abuelo del recién nacido. Cinco años más tarde, el hijo de Roscoe había crecido lo suficiente para jugar con el pequeño Benjamin bajo la supervisión de la misma niñera. Roscoe los llevó a los dos al parvulario el mismo día y Benjamin descubrió que jugar con tiras de papel de colores, y hacer mantelitos y cenefas y curiosos y bonitos dibujos, era el juego más fascinante del mundo. Una vez se portó mal y tuvo que quedarse en un rincón, y lloró, pero casi siempre las horas transcurrían felices en aquella habitación alegre, donde la luz del sol entraba por las ventanas y la amable mano de la señorita Bailey de vez en cuando se posaba sobre…

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Evasión de cerebros

Aunque vivillo y gordete, Santi nació sietemesino. La piel blanca, un resol de pelo y los ojos claros… Pero apenas vivió dos meses, se le empezó a nublar la mirada. Hasta entonces, entre los brazos de María, su madre, si le hacías una mamola, cabeceaba amagando la sonrisa. Y dos meses después, ya digo, por más que lo alujerasen cabeceaba muy despacio y con los ojos caidones. Sólo cuando le hacían tragar el último biberón de cada noche, remataban las constantes trifulcas de sus papás, abuela, criada, hermanas y hermano; y claro, apagaban la televisión, volvía a endulzársele el semblante y quedaba dormidito. Pero aquella noche que la tercera hermana no vino a casa, el padre se negó a voces a comprar un coche nuevo; y María, en venganza, a que fuese al mitin socialista, el matrimonio durmió por primera vez en camas separadas. Ella, para consolarse, metió a Santi en la suya; y Santiago, ciscándose en los consejos del médico, encendió el cigarrillo que…

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La niña de las mariposas

Ella corría a donde quiera que fuera, correteaba a las mariposas, las atrapaba y luego las dejaba libres, le gustaba la sensación del viento acariciando su cara y el leve sonido que provocaba al hacer volar su cabello largo, “péinate esas mechas” le hubiera gritado su madre si la hubiera visto en esos momentos, pero ahí en esas veredas solitarias ella era libre como el viento y hacia lo que le placía. Después realizar sus labores ese era su refugio su escondite secreto. Su niñez fue pasando las obligaciones crecieron y las oportunidades de volver a esas veredas a perseguir mariposas se volvieron más escasas, ”una señorita no puede andar corriendo como loca“ le repetía su madre mientras crecía, se le quedó grabado , cada vez que pasaba por las veredas le venía a la mente y resistía el impulso de correr sin sentido. Años más tarde se enamoró, se casó y vinieron los hijos que fueron la excusa perfecta para volver de vez en…

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