Category : Mujeres exquisitas

Te acuerdas Lucia

Te acuerdas Lucia de aquella cita en el palacio de bellas artes habíamos quedado de vernos a las once en punto de la mañana un día 2 de septiembre de 1987, aunque yo sabía ya que eso de la puntualidad no iba contigo nunca me imagine que llegarías tantos años tarde, yo llegue cinco minutos antes, me pare en la esquina izquierda de la plaza del palacio justo detrás del monumento de Francisco Madero desde ahí podía ver tu arribo si venias por la alameda o del metro bellas artes lugares por donde yo suponía llegarías. ¿Te has dado cuenta de lo largo que se vuelve el tiempo cuando esperas? Saque de mi bolsa mi viejo teléfono para ver la hora y para mi sorpresa apenas había trascurrido tres minutos, tratando hacer menos “larga” la espera empecé a ver los detalles del monumento entonces caí en cuenta que la calle a mi derecha había sido nombrada en honor del hombre de la estatua, entre tantos…

Amar a una mujer despierta

Si decides Amar a una mujer despierta, entiende que estás entrando en un territorio nuevo, radical y desafiante. Si decides Amar a una mujer despierta, no puedes quedarte dormido. Si decides Amar a una mujer despierta, cada parte de tu alma será despertada, no sólo tus órganos sexuales sino incluso tu corazón. Francamente, si prefieres una vida normal, sigue con una chica normal. Si quieres una vida dócil, sólo busca una mujer que se ha permitido a sí misma ser domesticada. Si sólo deseas sumergir tu dedo del pie en las aguas que fluyen de Shakti, quédate con la mujer segura, domesticada que todavía no se ha sumido en el desenfreno del océano Sagrado Femenino. Es cómodo Amar a una mujer que todavía no ha activado sus poderes sagrados interiores, porque ella no aprieta tus botones. Ella no te pondrá a prueba. Ella no te presiona para convertirte en tu más alto Ser. Ella no va a despertar las partes olvidadas y entumecidas de tu…

Noches de lluvia

Yo amo las noches de lluvia. Son de una intimidad intensa y dulce, como si nuestra casa se convirtiera, de pronto, en el único refugio tibio e iluminado del universo. Los objetos que nos rodean adquieren una familiaridad más afectuosa y más honda; la luz parece más límpida; el fuego, la mecedora, los ovillos de lana, el lecho, las mantas, todo es más nuestro y más grato. La alcoba, realmente, se convierte en nido, en nido caliente y claro y sereno, en medio del viento gruñidor, de la lluvia furiosa o mansa, del frío, que hace acurrucar cabeza con cabeza a las parejas de pájaros. Me imagino mi casa, entonces, como un pequeño y vivo diamante apretado entre el puño de un negro gigantesco. ¡Qué beatitud! Hago por no dormirme para gozar esas horas de gracia propicias al ensueño y al amor. Pero a veces, también me asalta, de pronto, la visión de pobres ranchos agujereados, de chicos friolentos, de mujeres que no tienen, como…

Mujer fuerte

¿quién la hallará? Su estima aventaja largamente a la de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado y no sufrirá Despojo. Le dará ella bien y no mal todos los días de su vida. Buscó lana y lino y con voluntad labró de sus manos. Fue como navío de mercader: trajo su pan desde lejos. Se levanto aun de noche y dio comida a su familia y ración a sus criados. Considero la posesión, y la compro, y planto viñas con el fruto de sus manos. Ciño sus lomos de fortaleza y esforzó su brazo. Supo que era buena su granjería. Su lámpara no se apago de noche. Aplico sus manos al huso; sus dedos tomaron La rueca. Alargo su diestra al pobre, la extendió al menesteroso. No tendrá temor de la nieve por su familia, porque toda ella va vestida de ropas dobles. Ella se hizo tapices. De lino fino y de purpura es su vestido, y su marido…

La pacificadora

Mi madre querida me hablaba a menudo de una resplandeciente mujer habitante de Long Island, a quien ella había conocido en otro tiempo. La Llamaban todos La pacificadora. Tenía cerca de ochenta años, temperamento risueño y feliz; había vivido siempre en una granja, y era muy amiga de sus vecinos, practica y discreta, invariable y bienvenida, favorita de todos, especialmente de las casadas jóvenes. Tenía numerosos hijos y nietos. No había recibido educación, pero poseía dignidad natural. Había llegado a ser tácitamente reconocida por todos como consejera domestica, juez, componedora de dificultades, pastora y reconciliadora de todo el país comarcano. Causaba alegría solo mirarla: alta de estatura, fuerte, con pelo abundante, mas blanco que la nieve (nunca llevo sombrero o cofia de ninguna clase), con ojos obscuros, la piel clara, el aliento sano y con peculiarísima atracción personal. Walt Whitman

Sigue a Gogol

Recibe publicaciones nuevas en tu email

Únete a otros seguidores