El beso

El beso

Los buenos amantes persiguen el primer beso, porque saben que es lo único que se necesita para seducir el alma de una mujer. Y es que hay de besos a besos. Los hay dulces y tiernos, susurrados y provocativos, ardientes e intensos, y los hay perversos y trasgresores, esos que abren puertas que es imposible cerrar después. Si es de la boca, cualquier beso es comienzo, porque la condena de ese contacto, es la inevitable pregunta de: ¿que sabor tendrán los otros besos? Pobres aquellos que creen que el amor puede sobrevivir sin el beso.

La forma de besar por primera vez a una mujer es como la cata a un buen vino, hay que hacerlo lentamente reteniendo el sabor de su boca entre labios antes de pasarlo al paladar. Después hay que degustar esa boca ajena en todas las combinaciones posibles, en las diferentes estaciones, en los lugares mas inimaginables y en los horarios mas distendidos. Porque el beso tal como el vino, necesita del aire para acentuar su sabor, del tiempo para mantenerlo y de la paciencia para añejarse. Hay amores que sólo nacen a través del primer beso y amores que son eternamente jóvenes por la magia de dos bocas buscándose por siempre.

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