El Hombre de los zapatos negros

El Hombre de los zapatos negros

El hombre de los zapatos negros en el 242 de la calle Mallorca que descomunales zapatos negros en la fresca mañana barcelonesa
culebrea el trafico estridente de las primeras horas y el guardia urbano pone multas a los coches
mal aparcados
el hombre de los zapatos negros
protegido por un saledizo con la mirada húmeda, ávido en el portal del 242 de la calle Mallorca
entre el bar de comida rápida y la tienda de lenceria
fina, la portera a su lado con la escoba en la mano lo mira suspicaz llega el chico del reparto y le entrega un paquete y se va la portera para adentro se queda el hombre solo
mi madre se detiene a mirar las braguitas de blonda y yo me fijo en el, en sus negros zapatos nuestros ojos
se encuentran
con un gesto preciso aparta su gabardina y muestra alguna cosa como un pulgar enorme, rosado, palpitante
mira, mami, señalo y mi madre se vuelve
tira de mi violenta mientras grita indignada asqueroso, pederasta, indecente!

-Este es un mundo de cerdos, hija mía, ya lo iras aprendiendo…

Lo dejamos atrás veloces en el 242 de la calle Mallorca la portera ha regresado con su escoba barre la acera, se aleja el guardia urbano
el hombre sigue allá inmóvil indolente y yo, aun hoy revivo el impacto que dejo en mi memoria,
mi memoria tan tierna de cándida muñeca,
la visión desmedida de aquellos zapatones de sombrío charol
brillantes hipnóticos repelentes…

Y a veces algunas noches sueño con los zapatos cuatro zapatos negros a los pies de un
lustroso gorrino que yace airosamente

en la verde dehesa
El jamón de bellota es mi plato favorito
cada vez que degusto sus exquisitas lonchas finamente cortadas me acuerdo de mi madre
que anda por ahí a las puertas del Cielo y le digo

-Eh, mami, fíjate un cerdo menos…

Anna Blasco

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