El horno está muy caliente

El horno está muy caliente

Tiene el olor a humo de la leña y a pan de pulque impregnado en su piel morena tostada por el sol, mientras espera que el pan levante se toma un vaso de pulque o se distrae mirando hacia el horizonte a la gente que se mueve a lo lejos, aun tiene una buena vista lo cual confirmo cuando llega alguien a su casa, alguien que ella anuncio hace rato que venía y yo no pude encontrar entre la maraña de arboles, calles y casas del pueblo que se yergue a nuestros pies. -El horno está muy caliente- la escucho decir -el pan ya está listo para ser horneado-, ella se aleja al cuarto contiguo, yo me asomo al interior del horno lleno de brasas al rojo vivo y siento como el calor quema mi piel y me alejo mientras pienso “vaya que está caliente, no está para bollos”, ella regresa con un par de laminas metálicas mete una de ella al horno y dice como en -voz alta yo le pongo cinco huevos al pan , las que se dedican a vender le ponen muy poco huevo, su pan nomas se desmorona-
-cuanto pulque le puso – pregunto yo por curiosidad, no contesta de inmediato, hace una pausa como si estuviera analizando la intención de mi pregunta, pero luego habla y me dice -le puse dos litros a cuatro kilos- y se ríe.
Vuelve a checar el horno, después toma una del las hojas metálicas donde tiene el pan y la mete al horno un par de minutos después un delicioso olor se expande en el aire, con una pala de madera saca la lamina donde se puede ver un dorado intenso sobre las piezas de pan, -está muy caliente el horno – vuelve a decir, uno a uno comienza a voltear los dorados panes a pesar de que están muy calientes después introduce nuevamente la hoja, y la platica se desvia a temas diversos , como la edad de su perro o de sus dalias sus queridas dalias, pero no se distrae, y como reloj atómico calcula el tiempo y saca de nuevo la hoja de lamina justo a tiempo , para que el pan este completamente cocido, la lamina es depositada en el piso de tierra.
–Está muy caliente el horno- dice una vez más – a mi solo se me ocurre preguntar -qué tipo de leña usa- , como esperando en su respuesta encontrar el secreto de cómo hacer buen pan de pulque. -De cualquiera- me responde, -de la que tenga-. Enseguida barre el horno varias veces con unas ramas húmedas. Después me ofrece un café y tomo el pan de la esquina de la hoja, ese que se ve más dorado, aun está muy caliente por lo que hago algunos malabares con él para no quemarme, poco a poco se va enfriando hasta que me lo puedo comer y mi espíritu se ve invadido de ese exquisito sabor ancestral del pan de pulque.
Al otro día temprano desayunamos con café y pan, me viene ala mente el calor que emanaba del horno el día anterior, voy hacia él y para mí que el horno aún está muy caliente.

Gogol