La absurda muerte de Isadora Duncan

La absurda muerte de Isadora Duncan

Todo sucedió por una simple casualidad, no fue el alcohol ni las fiestas locas, una simple pieza de seda se convirtió en su cadalso. Años antes de su muerte, en 1913, con el Sena parisino como telón de fondo, sus dos hijos fallecieron ahogados al caer el automóvil en el que viajaban a las aguas. ¿Será éste uno de esos macabros guiños que, a veces, la historia se encarga de construir para alimentar los mitos modernos? Cada cual imagine lo que quiera, pero el 14 de septiembre de 1927 otro coche se encargó de raptar a la gran Isadora de su fiesta perpetua y, además, de una forma sobrecogedora. Algunos adornos han ido colocándose a la trágica escena nocturna con el paso del tiempo. Para resaltar el ambiente decadente en que se desarrolló, se suele afirmar que el vehículo mortal fue un carísimo Bugatti, aunque realmente se trató de un coche más mundano. También, en un intento de idealizar la situación, se dijo que las últimas palabras de Isadora antes de partir hacían referencia a la gloria, cuando parece ser que se referían a una pequeña escapada con un joven amante. Lo cierto es que, aquella noche, la gran bailarina ya en pleno descenso a los infiernos como artista, sin haber llegado a cumplir el medio siglo de vida, murió estrangulada.
No fue mano humana la causante, ningún criminal rodeó con sus manos su frágil cuello. Isadora,la diosa del ritmo moderno, tal y como fue llamada por algunos, quien hizo revivir el clasicismo griego de una manera muy personal a través de atrevidas escenografías, se encontraba esa noche en Niza, acompañada de unos amigos. Uno de ellos, posiblemente uno de sus amantes, un atractivo mecánico italiano, sugirió a dar un paseo en automóvil. El coche, un Amilcar, a quien alegremente apodaba la bailarina como `Bugatti´, y posiblemente de ahí parte el error, no era ni siquiera un automóvil en toda regla. Se trataba de un curioso vehículo a motor, técnicamente unciclocar de los que estaban de moda en la época, de escasa potencia pero aspecto deportivo. Poco importa que no fuera un monstruo de la carretera, porque a pesar de su inofensivo aspecto, se convirtió en su asesino.
Alegremente, la pareja circulaba por el Paseo de los Ingleses en la citada ciudad del sur de Francia. Isadora vestía con su habitual lujo. Dando dos vueltas a su cuello, llevaba una largoecharpe de seda que se agitaba libremente al aire de la marcha. No hubo grito alguno, todo sucedió en apenas un instante. La pieza de seda, ondeando alegremente, topó por casualidad con los radios metálicos de la rueda trasera, trabándose con ellos. El efecto fue inmediato, el echarpe se tensó y estranguló violentamente el cuello de Isadora, que se fracturó sin remedio. Y así, de forma tan absurda, entró en el campo de los mitos modernos una de las transgresoras más deliciosas de la pasada centuria.

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