La mujer de nieve

La mujer de nieve

El quitanieves iba abriendo paso por la carretera que cruzaba el pueblo. Aunque de la manera que nevaba el suelo volvería a estar cubierto en cuestión de poco menos de una hora. Aquel invierno parecía que iba a ser el más crudo de los últimos años. Alberto se levantó los cuellos del chambergo y seguido se puso el gorro de lana, en mala hora había prometido acudir a la cena de amigos. No tenía muchas ganas ya de por sí pero además es que salir a la calle tal y como estaba el tiempo, le daba aún más pereza. Pensó que ya no tenía excusa para echarse para atrás, podía llamar a Gabriel y decirle que se encontraba mal pero lo de mentir nunca había formado parte de él. Una vez que estuvo en la calle tuvo que entrecerrar los ojos porque se le metían los copos de nieve. “Menuda ventisca y yo paseando, es de locos”dijo entre dientes. La casa de Gabriel estaba dos calles más arriba y empezó a andar con determinación. Cuando estaba a mitad de camino, a la altura de un pequeño parque, vio un pequeño muñeco de nieve al que le habían puesto una bufanda de cuadros verde y roja. El muñeco daba un poco de impresión porque no tenía ojos, boca, ni nariz, tal vez el viento se los había quitado. Según lo estaba mirando dio un respingo porque de pronto por detrás de él apareció una silueta de entre la oscuridad. Comprobó que era una mujer y caminaba hacia él. Alberto se alarmó al ver que la desconocida era una mujer joven con un ligero camisón, descalza y de cabellos largos y negros…

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