Lamentos de un burro

Lamentos de un burro

Entre Ios seres de la creación, yo soy el que tiene más nombres;
Pero ninguno me satisface plenamente. Yo me habría puesto Paciente, Sobrio, Tranquilo, Sufrido, Laborioso o algo por el estilo; pero me han bautizado con los siguientes: Asno, Acémila, Burro, Jumento, Borrico, Pollino. ¡Media docena de nombres a cual más feo!
Ya supondrán ustedes que no es agradable oír a cada rato decirles a las personas, como el mayor insulto: «¡Eres un borrico! … ¡Eres un jumento ~… ¡Eres un burro!…» Como elogio, estaría bien, porque se querría significar que la persona aludida es trabajadora, sobria y pacífica; más la intención es muy distinta, por cierto, y es natural que me duela merecer tamaña ofensa de quienes aprovechan todas mis energías. Si yo imitara al hombre, estaría dando voces el día entero; pero es bien sabido que por cada mil palos que recibo doy una coz. Prueba más grande de resignación y de humildad no la da nadie. Y ello significa inteligencia, ya que ha de aceptarse la vida como carga que es, sin rebelarse inútilmente contra el Destino.
También óyense las burlas sobre mis orejas. Dicen de una persona de poca inteligencia que tiene orejas de burro. Quisiera yo saber qué relación existe entre mis orejas y la inteligencia.
Examino uno por uno los actos de cada día, y no encuentro torpeza, ni vicio, ni maldad que justifiquen el menosprecio humano. Trabajo hasta agotar mis energías, me conformo con el alimento que se me da, no bebo más que agua, descanso donde se me ordena… ¿Qué más pueden pretender de mí?
¿Querrán que suba la carga, y la acomode, y que la baje luego con mis patas?…

Constancio G vigil

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