Me hago un empleo

Me hago un empleo

El populismo es una adicción del pobre ciudadano que debido a un sinnúmero de causas no está preparado para hacerse de un empleo y por lo tanto anhela que, cuando menos, se le alivie con promesas.

México, Alemania, Estados Unidos, Rusia y muchos más, son países cuyos habitantes tenemos problemas con el desempleo y obliga a todos los políticos que andan en campaña a prometer que van a fomentar la economía y el empleo. Menos mal que tan sólo prometen que van a fomentar el empleo, malo sería que prometieran “dar” empleo a todo desempleado. Algunos lo han hecho; Stalin, Hitler y Mussolini se encargaban de ocupar a toda la gente y “no existían problemas de desempleo”. Dicen que en Cuba no existen problemas de desempleo. ¿Será cierto? ¿Será envidiable?

En el presente estamos viviendo al mismo tiempo varias culturas y las diferentes épocas existen empalmadas, empujándose unas a otras tratando de ocupar nuestro espacio. Por eso decía Walt Whitman que a él no le molestaba ser incongruente, porque él “era grande y contenía multitudes”. Unos quieren vivir bajo Porfirio Díaz, otros bajo Lázaro Cárdenas, otros bajo Emiliano Zapata, otros quisieran nombrar a Cristo como Rey de México y otros bajo Cuitláhuac. Pocos quieren darse cuenta de que gracias a esa historia pueden emanciparse para construir su propia historia.

Todavía muchos mexicanos piensan que el Estado debe, en serio, garantizar empleo, vivienda, educación y un sueldo remunerador para todos, como si el Estado fuera la “Suave Patria” de López Velarde que tiene la obligación de amamantar o darle pan dulce a sus hijos. De modo que si hay desempleados, argumentan que el “modelo” no funciona, o que el gobierno es un tecnócrata desalmado. El populismo viene siendo una adicción del pobre ciudadano que debido a un sinnúmero de causas no está preparado para hacerse de un empleo y por lo tanto anhela que, cuando menos, se le alivie con promesas.

He visto enfermos que le piden al doctor que no les digan la verdad, que no les quiten la ilusión, que les mantengan viva la esperanza. Ahora es un requisito que el político prometa que habrá empleo, inversión, equidad y mayores oportunidades, como si en realidad tuviera el poder de cumplir lo que promete. Pero la primera condición para salir de nuestra precaria situación es hablar con la verdad para que cada ciudadano trate de pisar firme en donde se encuentre para iniciar su propio avance.

Entonces, la creencia todavía muy popular de que el gobierno debe garantizar empleo, vivienda, educación y un sueldo que alcance, está errada por seis razones: 1) el hecho de que esta obligación esté plasmada en la Constitución no quiere decir que, siendo su obligación, el gobierno pueda cumplir con ella, 2) en una democracia resulta una misión imposible dar empleo a todos de lo que sea, porque la población no desea una alta inflación al pagar falsos empleos con billetes falsos, como le hicieron otros países socialistas, 3) la ley que garantiza empleo ha capturado una legítima aspiración, pero ningún Estado democrático es tan todopoderoso como para garantizar el empleo para todos, 4) esta ilusión permite a los políticos crear falsas expectativas prometiendo que ahora sí ellos van a cumplir, 5) en buena parte de la población se genera entonces una pasividad sempiterna muy dañina porque esperan a ver quién les “da” trabajo, y 6) finalmente tachan a la política y a los políticos de cínicos.

El Estado puede mantener cierto orden en la sociedad, garantizar comicios limpios, deuda externa controlada, moneda estable, cuentas claras, un Estado de derecho, una expedición pronta de la justicia, garantías individuales y derechos humanos; es decir, todos requerimos que un Estado ponga en orden la casa cívica. Por eso molestan con toda razón las marchas alocadas de los gremios sindicales en la Ciudad de México, pues un grupo de mexicanos utiliza nuestra libertad para chantajear a un rival político, atosigando a los ciudadanos que no andamos armados porque confiamos en un orden civil.

Algunos gobiernos, tratando de ayudar a la población, toman en serio eso de fomentar el empleo y promueven cursos y capacitaciones para que la gente se prepare mejor, pero como nuestras creencias antiguas están muy arraigadas, hay gente que todavía piensa: “a ver cómo le hacen los del gobierno para prepararme porque yo todavía no puedo conseguir un empleo que me satisfaga”, sin darse cuenta de que esa actitud estropea su propia vereda.

Dentro de fábricas he visto personas que no se sienten por sí mismas motivadas para progresar y cuando la empresa les da todas las facilidades para aprender nuevos conocimientos y habilidades, sospechan y preguntan: ¿y cuánto me van a pagar por el esfuerzo de aprender más? Algunos insisten en reclamar dinero para dejarse ser enseñados. Dada la tristeza de nuestro sistema educativo nacional, muchos consideran que aprender es un ritual que es necesario cumplir como un necio requisito.

Para sobrevivir en una sociedad liberada necesitamos aprender a hacernos a nosotros mismos un empleo para vivir generalmente empleados. Decenas de millones de mexicanos han estudiado primaria con maestros que no tienen una idea de cómo hacerse de un empleo y por lo tanto los muchachos salen de la escuela incapacitados para emplearse. Me duele el sueldo bajo de los maestros, pero están cosechando lo que han ayudado a sembrar.

Venimos de culturas y de modelos comunitarios con autoridades dominadoras tanto del lado indígena como del lado español, de modo que estamos acostumbrados a que alguien nos diga lo que somos y que alguien nos “dé” trabajo. Conseguir un empleo se vuelve algo así como conseguir un lugar en una mesa donde parece que están dando de comer y todos deberíamos alcanzar.

A raíz de un librito que escribí titulado Friégate bonito para conseguir empleo, he recibido críticas, porque estoy poniendo la responsabilidad de conseguir empleo en la propia persona. A cada quien le conviene aprender a fregarse bonito para lograr saber hacer algo útil de modo que a alguien le parezca conveniente pagar. Los que añoran el modelo patriarcal o parroquial de la economía, consideran que sin hacer nada es justo que a nadie le falte un empleo con buen sueldo. Pero si todo mundo espera que los demás le den empleo, al rato pagaremos pésimos servicios con vales devaluados.

Es ilusorio establecer una macroeconomía fuerte en el país, con microeconomías artesanales, changarreras, con gente que ya no quiere aprender nada, ni estudiar en las noches nada. Los políticos que prometen empleo no hablan con la verdad, el gobierno es incapaz de dar el empleo que cada mexicano necesita.

En general los maestros a nivel nacional no están educando para el empleo, lo cual sería cuestión de corregir las malas creencias pasivas, ni tampoco están preparando a los alumnos para facilitarles aprender varios de los cientos de oficios que podrían realizar. Oficios que predisponen a estudios profesionales en etapas posteriores. El buen mexicano es el que se hace cargo de sí mismo, para poder ayudar a los demás. Si ni de ti te puedes encargar, ¿qué podrían esperar los demás de ti?

¿Dónde se encuentra el ladrillo básico de la economía nacional? Pues en la economía personal, es decir, en el negocio de cada uno de los mexicanos de aprender a saber hacer algo para ofrecer.

Enrique Canales

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