Me llamo Mary Alice Young

Me llamo Mary Alice Young

Me llamo Mary Alice Young, cuando lean el periódico de hoy puede que vean un artículo sobre el inusual día que tuve la semana pasada. Normalmente no pasa nada interesante en mi vida, pero eso cambió el jueves pasado. Claro que todo parecía muy normal al principio: Preparé el desayuno de mi familia, puse a lavar la ropa, terminé mis proyectos e hice los recados. En realidad pasé el día como cualquier otro, sacándole brillo a la rutina de mi vida hasta que resplandeciera con absoluta perfección. Por eso resultó tan asombroso para todos que decidiera ir al armario del pasillo a tomar un revolver que nunca se había usado. Mi cadáver lo descubrió mi vecina, la señora Martha Huber, que se había asustado al oír un ruido extraño. Acuciada por la curiosidad, la señora Huber buscó una excusa para presentarse en mi casa sin avisar, y después de pensárselo bien decidió devolverme la batidora que yo le había prestado seis meses antes. Y por un momento la señora Huber se quedó inmóvil en la cocina, paralizada por aquella tragedia sin sentido pero, sólo por un momento. Si la señora Huber es famosa por algo es por su capacidad para ver el lado positivo de las cosas.
Al día siguiente vinieron juntas a empaquetar mis ropas, mis cosas y lo que quedaba de mi vida… ¡Qué ironía!… intento mantener algo secreto desesperadamente y lo tratan como si nada. Lo siento chicas… no quería cargarlas con este muerto.

Sí, ahora que puedo ver el mundo que he dejado atrás lo veo todo muy claro: la belleza que espera ser develada, los misterios que anhelan ser descubiertos, pero la gente rara vez se para a mirar, simplemente sigue su camino, y es una lástima, de verdad, porque hay mucho que ver.
Sí, me acuerdo del mundo, hasta el último detalle y lo que más recuerdo es el miedo que tenía, que desperdicio. Verán, vivir con miedo no es vivir, ojalá pudiera decirle eso a aquellos que dejé atrás, pero ¿les habría servido de algo? Probablemente no. Ahora comprendo que siempre habrá personas que se enfrenten a sus miedos y siempre habrá personas que salgan huyendo.

Esposas desesperadas

Sigue a Gogol

Recibe publicaciones nuevas en tu email

Únete a otros seguidores