Nada mejor que un café de olla

Nada mejor que un café de olla

Nada mejor que un café de olla y un pan del pueblo para comenzar el día, El rico aroma de ambos hace que mi memoria se remonte a la época de vacaciones escolares cuando mis hermanos y yo visitábamos a los abuelos en el pueblo, cuando en las mañanas todo se cubría de neblina y no podíamos ver más allá de nuestra nariz, hacia frio y nos costaba trabajo levantarnos , pero el aroma a café recién hecho que se esparcía en el húmedo y fresco ambiente nos seducía a levantarnos más temprano de lo normal. Al asomarnos a la puerta lo primero que veíamos era la cocina de mi abuela la cual estaba construida de varas y techo de palma de el cual surgía una columna de humo causado por la madera de enebro que se consumía en la hornilla ,medio dormidos nos dirigíamos a la cocina que se encontraba cruzando el patio como a veinte metros de donde dormíamos, durante el trayecto podíamos sentir en nuestra cara como las gotas del roció caían en nuestra cara y sobre nuestra cabeza formando minúsculas esferas transparentes, lo cual terminaba por despertarnos, me encantaba ver el vapor que salía por mi nariz a cada respiración y cuando no era suficiente empezaba a exhalar por la boca para intensificar el efecto. Al caminar por el patio había que hacerlo con cuidado si había lloviznado durante la noche ya que era de tierra y se volvía chiclosa y resbalosa, pasado ese peligro en la cocina una deliciosa recompensa nos esperaba, un café negro generalmente y un sabroso pan de Pacula como solíamos decirle, el café del pueblo es una mezcla de granos café y alberjón lo cual le da un sabor un poco más amargo muy característico, y el pan hecho en casa en horno de leña y usando pulque como levadura, una delicia que aun hoy en día no puedo resistir. Al terminar el desayuno se habían recargado nuestras pilas estábamos listos para un día de aventuras infantiles en el pueblo.

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