Propina generosa

Propina generosa

Hace un tiempo un niño de diez años llegó hasta el mostrador de una pequeño restaurante y se trepó a un banco. Llamó a la mesera.

—Señorita, ¿cuánto cuesta un helado grande ? —preguntó.

—Cincuenta centavos —contestó la mesera.

El niño metió la mano en el bolsillo, sacó un puñado de monedas y se puso a contar. La mesera frunció el entrecejo con impaciencia. Después de todo, había otros clientes esperando.

—¿Cuánto cuesta un plato sencillo de helado? —preguntó el niño, mientras miraba de reojo a la mesera. La muchacha suspiró y viró los ojos.

—Treinta y cinco centavos —dijo con tono irritado.

El muchacho contó de nuevo sus monedas.

—Quiero un plato sencillo de helado, por favor —dijo finalmente el niño, poniendo sobre el mostrador una moneda de veinticinco centavos y dos de cinco.

La mesera tomó las monedas, le trajo el helado al niño y se alejó. Más o menos diez minutos después volvió y encontró el plato vacío. El muchacho se había ido. Ella tomó el plato vacío… y entonces se le hizo un nudo en la garganta.

Allí sobre el mostrador, junto al sitio húmedo donde estuvo el plato, había dos monedas de cinco centavos y cinco de un centavo. El niño tenía suficiente dinero para un sundae, pero pidió un helado sencillo para poder dejar propina.

Pat Williams & James D. Denney

Sigue a Gogol

Recibe publicaciones nuevas en tu email

Únete a otros seguidores