Tag : Frases de reflexión

Hay alguien especial

Hay alguien especial para cada uno de nosotros. A menudo, nos están destinados dos, tres y hasta cuatro seres. Pertenecen a distintas generaciones y viajan a través de los mares, del tiempo y de las inmensidades celestiales para encontrarse de nuevo con nosotros. Proceden del otro lado, del cielo. Su aspecto es diferente, pero nuestro corazón los reconoce, porque los ha amado en los desiertos de Egipto iluminados por la luna y en las antiguas llanuras de Mongolia. Con ellos hemos cabalgado en remotos ejércitos de guerreros y convivido en las cuevas cubiertas de arena de la Antigüedad. Estamos unidos a ellos por los vínculos de la eternidad y nunca nos abandonarán. Es posible que nuestra mente diga: «Yo no te conozco.» Pero el corazón sí le conoce. Él o ella nos cogen de la mano por primera vez y el recuerdo de ese contacto trasciende el tiempo y sacude cada uno de los átomos de nuestro ser. Nos miran a los ojos y vemos…

¿Porque pasan éstas cosas?

Pasaron más de cinco mil años desde la tarde aciaga en que Sócrates habló con Asclepios y se bebió un gran vaso de cicuta, poniendo fin a su vida por mandato de la Polis. La tierra que vio sus pasos aún permanece, con sus logros y fracasos frescos. Con sus religiones en la vasta geografía aún luchando por imponerse. Esa tierra aun gime ante la barbarie en un horizonte vacío, sin alma. Despojados estamos de humanidad. Sé que son tiempos difíciles, pero vendrán peores y la figura de un niño que yace sin vida en sus playas es el dedo acusador ante nuestra desidia. Quizás pensemos en nuestra soberbia que Dios es demasiado alto y no podemos alcanzarlo o que simplemente no existe. Es sólo un parecer de un hombre enamorado de las ideas. Sólo sé que lloro al ver cómo muere la gente por tratar de asegurar el bienestar de sus hijos y quise en estas letras…hacer patente la pregunta que aún no cambia……

Cómo hacerte saber

Cómo hacerte saber que siempre hay un tiempo. Que uno solo debe buscarlo y desearlo. Que nadie establece normas, salvo la vida. Que la vida sin ciertas normas pierde la forma. Que la forma no se pierde con abrirnos. Que abrirnos no es amar indiscriminadamente. Que no está prohibido amar, que también se puede odiar. Que el odio y el amor son afectos. Que la agresión porque sí duele mucho. Que las heridas se cierran, que las puertas no deben cerrarse. Que la mayor puerta es el afecto. Que los afectos nos definen. Que definirse no es remar contra la corriente. Que cuanto más fuerte es el trazo más se dibuja. Que buscar un equilibrio no implica ser tibio. Que negar palabras implica abrir distancias. Que encontrarse es muy hermoso. Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida, que la vida forma parte del sexo. Que el porqué de los niños, tiene un porqué. Que el querer saber de alguien, no es…

Ese lienzo interior

No sé quién pintó las imágenes de mi vida impresas en mi memoria. Pero quienquiera que sea, es un artista. No coge su pincel simplemente para reproducir todo lo que sucede, sino que conserva cosas o las descarta según le parece. Convierte lo grande en pequeño y lo pequeño en grande; no tiene reparos en relegar cosas a un segundo plano y al revés. Para abreviar, su tarea es pintar imágenes, no escribir historia. A medida que el flujo de acontecimientos va conformando el exterior de nuestra vida, en nuestro interior se van plasmando una serie de imágenes. Las dos partes guardan una estrecha relación, pero no son idénticas. No nos tomamos el tiempo para observar con atención ese lienzo interior. De vez en cuando vislumbramos un fragmento, pero la mayor parte permanece oscura, oculta a nuestros ojos. ¿Por qué pinta el artista sin parar, cuándo completará su trabajo y qué galería está destinada a colgar sus pinturas?, ¿quién lo sabe? Rabindranath Tagore

Jamás olvidaré

No lejos de nosotros, de un foso subían llamas, llamas gigantescas. Un camión se acercó al foso y descargó su carga: eran niños. Sí, lo vi con mis propios ojos. No podía creerlo. Tenía que ser una pesadilla. Me mordí los labios para comprobar que estaba vivo y despierto. ¿Cómo era posible que se quemara a hombres, a niños, y que el mundo callara? No podía ser verdad… Alguien se puso a recitar el Kadish, la oración de los muertos. No sé si ya habrá ocurrido en la larga historia del pueblo judío, que los hombres reciten la oración de los muertos por sí mismos. Mi padre, rezó: “Que su Nombre sea alabado y santificado”. Por primera vez, sentí crecer la protesta en mi interior. ¿Por qué debía santificar su Nombre? El eterno, el Señor del Universo, el Todopoderoso callaba. ¿Por qué había de alabarle? Jamás olvidaré esa primera noche en el campo, que hizo de mi vida una larga noche bajo siete vueltas de…

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