Tag : Frases de reflexión

El hombre irreligioso

La conciencia es la voz de la transcendencia… El hombre irreligioso considera la conciencia como algo detrás de lo cual no hay nada más. Pero la conciencia no es la última instancia, sino la penúltima… El hombre irreligioso llegó sólo a la cumbre secundaria… La verdadera cumbre está oculta a su vista, está velada por la niebla y él no se atreve a entrar en esta niebla, en esta inseguridad. A ello se atreve tan sólo el hombre religioso. Se necesita mucho valor para hacer profesión de lo que se ha reconocido como verdadero y también se necesita mucha humildad para llamarlo con aquella palabra con la cual los hombres lo llaman desde milenios: con la sencilla palabra Dios. Víctor Frankl

La ratonera

Un ratón mirando por el agujero de la pared ve al granjero y su esposa abriendo un paquete, quedó aterrorizado al ver que era una trampa para ratones.. fue corriendo al patio a advertirles a todo; hay una ratonera en la casa!!! Hay una ratonera en la casa!!!!… la gallina que estaba cacaraqueando y rascando le dice disculpa señor ratón yo entiendo que hay un gran problema para ti; pero ami no me perjudica en nada, entonces fue hasta el cordero y le dice lo mismo, disculpa señor ratón pero creo que no puedo hacer más nada que rogar en mis oraciones por usted… el ratón se dirigió ala vaca y le dice lo mismo, y ella responde, pero acaso estoy yo en peligro??? Pienso que no..!!! El ratón volvió a la casa preocupado y abatido. Para encarar la ratonera de el granjero… Aquella noche se oyó un gran barullo como el de la ratonera trepando su víctima, y la mujer corrió a ver lo…

La familia

¿Es posible que amar resuelva todos los problemas y que a nuestro angustiado corazón, lo mismo que a nuestro espíritu curioso, le baste con tan poca cosa, una familia, para hallar la calma y la paz? Sí. Producir felicidad en torno nuestro, hacer dichosos dentro del estrecho límite a los seres cuya suerte está ligada a la nuestra; ¿hay ideal más alto? Perseguimos con todo nuestro esfuerzo ambiciones cuya vanidad conocemos, una gloria que llamamos eterna, y que el tiempo se lleva, una fortuna cuyos caprichos desconciertan nuestros más hábiles cálculos, honores ridículos que obtienen también los últimos de los hombres, Y en esta caza nos olvidamos de los seres que no amamos, como podríamos amarlos, por los cuales no hacemos lo que pudiéramos hacer. Moriremos nosotros y nuestras obras; nuestros pensamientos se desvanecerán; no subsistirá ni una sola piedra de los edificios que habremos construido, ni una letra de los nombres que habremos creído inscritos en la Historia; pero ¿no quedará nada de los…

Un hombre humanitario

La obligación de la madre es hacer del niño lo antes posible un colaborador, un hombre humanitario, que ayude al prójimo de buena gana y permita que el prójimo le ayude, cuando sus fuerzas no le bastan. He descrito al niño mimado como un parásito, que tiende de continuo a vivir a expensas de los demás. Si esta tendencia informa el estilo de vida, fácilmente se comprenderá que, en su mayoría, estas personas se considerarán acreedoras al rendimiento de los demás, trátese de caricias o de bienes, de trabajo material o intelectual. Y ello los hace seres humanos sin personalidad y sin espíritu de lucha. ¿Qué ha pasado con aquellos hombres que no han contribuido en nada al bienestar de los demás hombres? La contestación es: Han desaparecido hasta en sus últimos vestigios. Nada ha quedado de ellos, se han extinguido somática y espiritualmente; se los ha tragado la tierra… Aquí tropezamos con una ley secreta, como si el Cosmos les ordenara: ¡Desapareced! ¡No habéis…

Ahora hablo con las plantas

Te habrás preguntado porque ahora hablo con las plantas, con las mariposas, a veces tengo mis coloquios con la luna y mi mejor amigo es el perro? No es que haya enloquecido, No! La respuesta es clara, es porque ahora entiendo más mi relación directa con el universo y la fidelidad irrefutable de los perros, que me escuchan, me miran sin aprobarme ni reprobarme, no me limitan el tiempo con ellos, no demandan de mi ni siquiera abrigo o alimento y se conforman solo con poder mirarme! Doralba Jaramillo

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