Tag : Historias cortas

Cuando sueño despierto

Es por la tarde. Jugamos al fútbol cerca del tendedero, detrás de la casa. Jimmy, mi hermano, tiene once años, y Ciru, mi hermana, cinco y medio. Yo soy el portero. Tengo siete y sigo sin saber por qué todo el mundo parece saber lo que hace y el motivo por el que lo hace. —Tú no estás gordo. —Eso es lo que mi madre me dice constantemente—. Estás rellenito. Ciru lleva la pelota. Es pequeña, delgada y bonita. Tiene codos afilados y una sonrisa tan pura como un dibujo a lápiz que recorre uniformemente sus mejillas. Corre hacia Jimmy, alto, moreno y atlético. Yo todavía estoy entre las barras de metal que usamos como portería improvisada viendo jugar a Ciru y a Jim. Un aliento cálido sale de mi nariz, supera mis labios y me divide la barbilla. Puedo ver la piel rosada y brillante de mis párpados. Mis orejas captan sonidos al azar: pájaros; timbres de mambas negras, las bicicletas de paseo; niños…

La viña de Pablo

Aquel hombre, llamado Pablo, tenía una viña de tres fanegas. Una viña de uvas blancas. En aquella tierra, para ser llamado rico, hay que tener cien fanegas por lo menos. Pablo era pobre y muy desgraciado, porque su viña formaba triángulo entre dos caminos muy transitados. Pablo estaba solo, era feo, más bien viejo y holgazán, tanto, que se empeñaba en vivir todo el año con los productos de su viña. Y lo conseguía a su manera. En octubre vendía la uva en la misma cepa para evitarse acarreos. El resto del año paseaba por la plaza del pueblo fumando unos cigarros muy finos y sin hablar casi con nadie. Algunas veces se sentaba en el bordillo de la acera con la boina echada sobre los hombros y contaba los carros que cruzaban la plaza o las mujeres que salían de la iglesia. Cuando junto a él pasaba una moza de buen ver, la miraba de reojo y, muy bajito, le chistaba. Un par de…

Nacimiento de Buda

Una noche, la reina Mayadevisoñó que un elefante blanco descendía del cielo y entraba en su seno, señal de que acababa de concebir a un ser muy especial. El hecho de que el elefante descendiera del cielo significaba que el niño provenía de Tushita, la tierra pura de Buda Maitreya. Meses más tarde, cuando la reina dio a luz, en lugar de sentir dolor, tuvo una maravillosa experiencia en la que se agarraba la rama de un árbol con la mano derecha y los dioses Brahma e Indra recogían al niño, que nacía de su costado. Los dioses procedieron a venerar al infante y a ofrecerle abluciones. Cuando su esposo el rey vio al niño, se llenó de alegría y sintió como si todos sus deseos se hubieran cumplido. Le puso el nombre de Siddharta y pidió a un brahmín que predijera el futuro del príncipe. El adivino examinó al infante con sus poderes de clarividencia y dijo: “Este niño será un rey chakravatin que…

Nunca es demasiado tarde

El primer día de clases en la Universidad, nuestro profesor se presentó a los alumnos y luego nos pidió que nos presentáramos a alguien a quien no conociéramos todavía. Me quedé de pie para mirar alrededor, cuando una mano suave tocó mi hombro. Miré para atrás y vi una pequeña señora, viejita y arrugada, sonriéndome radiante, con un gesto que iluminaba todo su ser. Dijo: — Hey, muchacho… Mi nombre es Rosa. Tengo ochenta y siete años de edad. ¿Puedo darte un abrazo? Me reí y contesté: — ¡Claro que puede! — Y ella me dio un gran apretón. — ¿Por qué está usted en esta Facultad a tan tierna e inocente edad? — pregunté. Ella respondió juguetona y sonriente: — Estoy aquí para encontrar un marido rico, casarme, tener un montón de hijos y entonces jubilarme y viajar. — Está bromeando —le dije. Yo estaba curioso por saber qué la había motivado a enfrentar este desafío con su edad, y ella repuso: — Siempre…

Me llamo Mary Alice Young

Me llamo Mary Alice Young, cuando lean el periódico de hoy puede que vean un artículo sobre el inusual día que tuve la semana pasada. Normalmente no pasa nada interesante en mi vida, pero eso cambió el jueves pasado. Claro que todo parecía muy normal al principio: Preparé el desayuno de mi familia, puse a lavar la ropa, terminé mis proyectos e hice los recados. En realidad pasé el día como cualquier otro, sacándole brillo a la rutina de mi vida hasta que resplandeciera con absoluta perfección. Por eso resultó tan asombroso para todos que decidiera ir al armario del pasillo a tomar un revolver que nunca se había usado. Mi cadáver lo descubrió mi vecina, la señora Martha Huber, que se había asustado al oír un ruido extraño. Acuciada por la curiosidad, la señora Huber buscó una excusa para presentarse en mi casa sin avisar, y después de pensárselo bien decidió devolverme la batidora que yo le había prestado seis meses antes. Y por…

Sigue a Gogol

Recibe publicaciones nuevas en tu email

Únete a otros seguidores