Tag : poesia

Una manera de querer

Sí, claro que te quiero con el alma, pero también te quiero con el cuerpo. Te quiero toda y quiero que me quieras con toda la piel, con las uñas, con los dedos. ¿Ves? Mis dedos. Aquí donde termino y donde empiezo. No sé por qué nos dicen que en los dedos no pueden florecer los sentimientos. ¿Ves? Tus dedos. Allí donde terminas y donde empiezas. Déjame que te quiera con mis dedos, pulsándote apenitas, apenitas, rozando tus caderas en un largo descenso por colinas infinitas. Que mis dedos te besen el ombligo, que mis dedos se curven en tus senos. Que mis dedos se abran como un cofre lleno de flores perfumadas, lleno. Que con las puntas de tus dedos paseando por mi vientre, por mi pecho, tocando mis costillas una a una, haciéndome cosquillas en el cuello. Explórame despacio, soy un mundo por vos todos los días descubierto, estoy abierto a toda la ternura escondida en la punta de tus dedos. Sí, claro…

Chau número tres

Te dejo con tu vida tu trabajo tu gente con tus puestas de sol y tus amaneceres. Sembrando tu confianza te dejo junto al mundo derrotando imposibles segura sin seguro. Te dejo frente al mar descifrándote sola sin mi pregunta a ciegas sin mi respuesta rota. Te dejo sin mis dudas pobres y malheridas sin mis inmadureces sin mi veteranía. Pero tampoco creas a pie juntillas todo no creas nunca creas este falso abandono. Estaré donde menos lo esperes por ejemplo en un árbol añoso de oscuros cabeceos. Estaré en un lejano horizonte sin horas en la huella del tacto en tu sombra y mi sombra. Estaré repartido en cuatro o cinco pibes de esos que vos mirás y enseguida te siguen. Y ojalá pueda estar de tu sueño en la red esperando tus ojos y mirándote. Mario Benedetti

En algún lugar sobre el arcoíris

En algún lugar sobre el arcoíris, Muy arriba Están los sueños que soñaste, una vez en una canción de cuna. En algún lugar sobre el arcoíris, vuelan los pájaros azules, Y los sueños que has soñado, Se vuelven realidad. Algún día le pediré un deseo a una estrella. Despertar donde las nubes están lejos, por debajo de mi, donde los problemas se deshacen como gotas de limón, Muy por encima de las chimeneas, ahí es donde me encontrarás. En algún lugar por encima del arcoíris vuelan los pájaros azules, y los sueños a los que te atreves, oh, ¿por qué?, oh, ¿por qué yo no puedo?. Veo a los arboles verdes Y también a las rosas rojas florecer para ti y para mí Veo el cielo azul y las nubes blancas, La claridad de día, me gusta la obscuridad. Los colores del arcoíris tan hermosos en el cielo, Están también en los rostros de la gente que pasa Veo amigos dándose las manos y diciendo…

Dame la mano

Dame la mano, amor,que no podemos descansar todavía. Tendrás que recorrer conmigo el tiempo; mira cuánta distancia hasta la nieve, cuántos copos de tierra para olvidar los ojos del pasado y encontrar el mañana con un beso en la boca. Ya sé que estás herido; que te fatiga atravesar la noche y tienes miedo de que, al final, nos aguarde tan sólo la tristeza. Ya sé que te rendiste muchas veces al sol que deshidrata todos los corazones; pero yo te he salvado trayendo un fresco arroyo hasta tus venas. Si no puedes con todo te llevaré en los brazos. Has visto que soy fuerte y que puedo arrasar todo el abismo. Mataré los jaguares si se atreven a acercarse a nosotros. Antes de que emprendiéramos el viaje cogí todas las armas que tú me regalaste y me mentalicé para la lucha. Puedo con el desdén de las anémonas, con la desilusión de todos los reptiles, con la envidia mortal del aguacero. Apóyate en mi…

Como quien oye llover

Óyeme como quien oye llover, ni atenta ni distraída, pasos leves, llovizna, agua que es aire, aire que es tiempo, el día no acaba de irse, la noche no llega todavía, figuraciones de la niebla al doblar la esquina, figuraciones del tiempo en el recodo de esta pausa, óyeme como quien oye llover, sin oírme, oyendo lo que digo con los ojos abiertos hacia adentro, dormida con los cinco sentidos despiertos, llueve, pasos leves, rumor de sílabas, aire y agua, palabras que no pesan: lo que fuimos y somos, los días y los años, este instante, tiempo sin peso, pesadumbre enorme, óyeme como quien oye llover, relumbra el asfalto húmedo, el vaho se levanta y camina, la noche se abre y me mira, eres tú y tu talle de vaho, tú y tu cara de noche, tú y tu pelo, lento relámpago, cruzas la calle y entras en mi frente, pasos de agua sobre mis párpados, óyeme como quien oye llover, el asfalto relumbra, tú…

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